Dijimos en estas páginas, mas precisamente en la
edición del mes pasado (Nº4), que respecto a la promesa
de la inminente provisión de chalecos antibalas nuevos al personal,
era extremadamente inquietante para éstos, en cuanto esa promesa
no se cumpliera.
Desde la conmoción que generara el asesinato del Capitán
Aldo Garrido, que se fue incrementando en cada uno de los otros funcionarios
policiales asesinados en estos últimos cinco meses, se ha pretendido
adormecer a la opinión pública en general y al personal
policial en especial, con que la provisión de chalecos protectores,
era inminente, a sabiendas que esa afirmación no era cierta.
No era viable, dado que el trámite y exigencias contractuales,
no estimaban una entrega inmediata, ya que al momento de hacerse la
compra, tampoco importaba mucho. La muerte de tantos policías
impuso las urgencias, circunstancias éstas que no pudieron imponerse
a los fabricantes, dado que tales exigencias no están previstas
en el contrato.
Hoy el Gobernador, su Ministro de Seguridad y el mismo Comisario General
Juan Carlos Paggi, se encuentran entrampados entre la fenomenal presión
que genera el personal policial que reclama por una mayor seguridad
laboral y una provisión de chalecos que se hace esperar, con
el agravante que cuando se concrete, serán insuficiente para
todos.